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domingo, 8 de agosto de 2010

FERNANDO DE ROJAS Y LA LLUVIA DE ESTRELLAS



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Fotos...
¡Pero qué guapos
que estamos!

para ver más imágenes.
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................. Pincha en la foto para más detalle ..........................


TEXTOS:
.....- Emilio Porta:
..........EL BANQUETE
......- Santiago Solano:
..........EL COMIENZO.
..........EL ENCUENTRO.
..........LA METAMORFOSIS
..........DENTRO
..........TERROR


NOTA DE LOS AUTORES
..........Estimados amigos.
..........Éste es el blog de todos. Os espero aquí a todos. Cada cual con cuantas "Entradas Privadas" estime oportuno. Pero también, como en el caso mono temático que nos ocupa, podremos estar en una única entrada todos. Lo que veis lo demuestra. Emilio y yo autores de una única entrada, de esta entrada. Y podemos estar todos, los que estuvieron para dar testimonio de lo que fue, los que no para imaginarse lo que pudo ser. Sabíamos de una entrada con un único autor, sabíamos de los comentarios. Lo habitual. Ahora sabemos de Una Entrada con varios autores, con comentarios dentro mismo de una parte de la entrada - caso de Emilio -, formando un espacio literario único. Y con comentarios a toda la entrada, fuera de la entrada, en espacio de comentarios, para mis textos. Y pronto serán comentarios a los dos textos en zona de comentarios. Y no sé qué más puede ser. ¿Qué se os ocurre?
..........Ánimo amigos, que todo puede ser. Todo espacio en blanco es susceptible de ser escrito.

19 comentarios:

Alicia Uriarte dijo...

Unas fotos preciosas de unos momentos que se adivinan maravillosos.
Santiago, gracias por estas instantáneas que seguro que perduraran en vuestro recuerdo y, sin duda, en el de los que miramos esa noche las estrellas desde otro cachito de cielo.
Un abrazo veraniego.

Santiago Solano dijo...

La verdad, Alicia, es que para el que escribe esto han sido momentos muy intensos que, efectivamente, son difíciles es olvidar, si no imposibles... Y sí fue estupendo todo. Estoy muy contento.

Un abrazo.

Enrique Gracia Trinidad (EGT) dijo...

Me encantas como cronista.
Un abrazo a todos. Cuánto sentí no poder estar.
Enrique

Enrique Gracia Trinidad (EGT) dijo...

Las fotos excelentes ¡qué guapeza!

Mari Carmen Azcona dijo...

Como no quiero adelantar acontecimientos, seré, de momento, una lectora más. Sólo añadir que tal cual lo cuenta Santiago, sucedió. Lo puedo asegurar...yo estuve allí.

Día inolvidable.

Emilio Porta dijo...

A pesar de las picaduras de los mosquitos...y de la paliza del regreso, fue una velada inolvidable. Gracias, Santiago, pues una velada sin alma carece - logicamente - de espíritu. Y el tuyo sobrevoló en todo momento. Fuíste un gran anfitrión y el recuerdo perdurará no sólo en tu encantador pueblo sino en la vecina puebla...de Montalbán.
La cena...punto y aparte. No faltó un detalle. La lluvia de estrellas, al final, fue lo de menos. Lo de más...la idea de Antonio...y tu puesta en escena. He pasado dos días después un poco mareadillo...no se si sería del vino ese con que nos obsequiaste, del calor, o de mirar al cielo en la oscuridad. Por cierto, el verdadero día de San Lorenzo era hoy, claro. Qué buena e imaginativa crónica, por cierto.
Un fuerte abrazo.

Santiago Solano dijo...

Gracias Enrique, por estar aquí.
Gracias Mari Carmen y Emilio, por estar allí. Sin vosotros nada de esto tendría sentido. Todo esto es para vosotros y por vosotros.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Somos un grupo de turistas, - viajeros se debería decir decir mejor - de visita por España, y nos hemos encontrado, inesperadamente, en La Puebla de Montalbán, en un café que hace esquina, frente al Museo de La Celestina. Veníamos cada uno por su lado y, de repente, nos hemos topado ( sí, porque ha sido de golpe) con una chica rubia, enseñadora de arquitecturas y otras artes, guía del susodicho museo, que, mirándonos a todos fijamente nos ha dicho: "Pero...¿ustedes no estuvieron el sábado por aquí? ¿Me confundo o son ustedes parte del grupo de Santiago Solano, el escritor más importante de la zona, a la vez, aunque en otro tiempo, que Fernando de Rojas?...Yo, en nombre de todos ( mi nombre es también Fernando, Fernando Pessoa ) le contesté que no, que se confundía...Lo mismo dijeron los otros, entre los que se encontraba un hispano-australiano - amigo de un tal Emilios, del que veo que aquí se habla - y Thomas Stern Eliot al que, lo que son las cosas, he tenido que conocer fuera de Inglaterra, su país...Pero así es la vida...Bueno, en realidad esta aparición era para decirles que, dado que hace años que me muevo por la Tierra como un espíritu, no me ha sido difícil entrar en eso que llaman Red...y poner estas letras. Lo he hecho con el pensamiento, dado que las almas que abandonamos las vanidades de este mundo, tenemos esa facilidad. No, fotos no puedo enviarles...salen veladas, pero, cuando lleguen por estas latitudes - no se preocupen, tarde o temprano ocurrirá - charlaremos sobre lo divino - esto seguro - y lo humano.
Un fuerte abrazo desde...¿cómo se llama este sitio al que nos ha traido ahora el australiano?...Ah, sí, Orzean, el Monasterio de Orzeán.

fdo: Fernando Pessoa, T.S. Eliot, Robert Zimmerman ( Bob Dylan ), David Nihalat...y Kafka, si también Frank Kafka ( al que le encantan los mosquitos, por cierto, y todo tipo de insectos).

Santiago Solano dijo...

Si hubieras dicho que estabais aquí, Emilios/Pessoa/Eliot/Dylan/Nihalat/kafka, me hubiera acercado un momentito, que La Puebla está aquí al lado, y nos hubiéramos tomado unas cañitas de cerveza digitales, que dicen que saben a gloria.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Ya, Santiago, pero es que en estas cosas de los viajes astrales uno no domina mucho fechas y calendarios y no sabe bien cuando y como va a llegar. Y no te digo nada con quien. Fíjate que lo de Kafka fue una auténtica sorpresa. Claro que me han dicho que viajar en autobús numerado por tus tierras y tu mente tampoco permite previsiones concretas...En cualquier caso, si quieres que nos veamos, yo sigo parando mucho por el café "A Brasileira", en Lisboa. Lo de que nos veamos es un decir, pues, logicamente, al ser ya espíritu, se me percibe más que se me ve.
Un saludo fraternal.

Fernando Pessoa

(De los otros no puedo responder, pues el encuentro fue puntual. Nosotros, normalmente, vamos todos a nuestro su aire. Algunos, en eso del aire, más que otros, evidentemente. David y Dylan, de momento, son menos etéreos)

Anónimo dijo...

Estimado Santiago...Te agradezco mucho mi inclusión en la crónica. En realidad yo soy el único del grupo de Pessoa, que, como bien señalas, fui dos veces. De Rojas lo sabe.

Dado que sigo en cuerpo y alma en este planeta quiero hacerte patente la calidad de tus escritos ( incluido algún trasunto) y decirte que, aunque Pessoa no lo comenta, encontramos en un rincón del café de la esquina de La Puebla a ese señor con gafas que aparece en "Dentro". Sospecho que vino por su cuenta desde el cielo de Argentina ( cada escritor tiene su trozo de paraíso en su patria chica ) y no se quiso identificar...pero para mi que era Ernesto. Bueno, supongo que él mismo - si quiere, es muy suyo - o algún viajero o viajera lo podría explicar.
Saludos australes.

David Nihalat

Anónimo dijo...

Tengo 99 años...como podéis imaginar, hace años que mi movilidad es bastante limitada. Apenas puedo andar ¡yo que he sido un gran caminante! Hace años que mi única manera de acercarme al mundo de las letras, por el que abandoné mi carrera de física, es esta pequeña ventana que me lleva por caminos que mis pies se niegan a recorrer. Viajo por la red acudiendo a la llamada de todos aquellos que buscan mi espíritu en mis escritos.

Hace unos días me acerqué hasta un blog en el que se liberaba una batalla que, curiosamente, se me atribuyó a mí. Me gustó el ambiente que se respiraba, incluso dejé unas palabras escritas, no muchas...mis manos se vuelven torpes. Desde entonces mi espíritu ha quedado unido al de Mari Carmen, no sé si será la misma persona que aparece en esta crónica junto a mi. Por ella supe del encuentro que mantuvieron en La puebla de Montalbán. Me gustó tanto lo que ella me trasmitió que decidí visitarlo días después. Allí, mientras descansaba sentado en un bar frente al museo dedicado al ilustre Fernando de Rojas, me encontré con un curioso grupo de turistas...eso es lo que creí en un primer momento. Cuál fue mi sorpresa cuando, de entre todos, reconocí a un amigo muy querido por mí...ni más ni menos que el mismo Frenando Pessoa. Fue una grata sorpresa, hacía mucho que no nos veíamos...

Y ahora...lo siento, debo descansar.

Seguiré atento a tu magnífica crónica Santiago. Vosotros, los que me leéis y los que me citáis, impulsáis mi espíritu...incluso continuáis haciendo de mi vida literatura. ¿Sé puede pedir más por parte de un escritor?

Todo mi agradecimiento, hasta pronto.

Ernesto Sábato

Santiago Solano dijo...

Estimados Fernando, David y Ernesto.

Sólo deciros que os he leído con detenimiento y que algo de lo que habéis escrito me es propio. Vamos que forma parte de mi forma de ser, de pensar, e incluso de indignarme, que todo hay que decirlo; que temperamento no os faltaba/falta y de eso me habéis dejado/dejas en herencia algo.

De ahí que cuando me hacéis lo del otro día, lo de sentaros a charlar de vuestras cosas, cayéndoos suavemente desde la azotea de algún amigo/amiga vivo/viva, pues como que no puedo de dejar de comentarlo, no me resisto a haceros presente en nuestro presente, porque eso sois en nosotros.

La crónica de esas diez horas de amistad y literatura no hubiera sido nada sin vosotros. Es más no se hubiera entendido, ni asumido, ni degustado, ni siquiera visualizado, nada de nada, rien, de la explosión poética bajo las estrellas.

¿Os acordáis?

Pero eso esa otra historia.

Un abrazo a todos.

Santiago Solano dijo...

Permíteme Emilio felicitarte públicamente por este Banquete que tú llamas entremés: que no, que ya por sí sólo es un plato fuerte.

Dicen que las comparaciones son odiosas. Pues a mí estas que tú estableces en este texto me parecen pero que muy requetebién, qué quieres que te diga.

Suscribo también todas las palabras de David y de Mari Carmen Azcona. Fueron tan de estar en casa, en zapatillas, con los amigos esas diez horas, que merece la pena vivirlas dos veces. Entonces y ahora que las recreamos.

¡Ah!, esa es nuestra ventaja, podemos vivir la vida dos veces.


Un abrazo.

Anónimo dijo...

Incluso vivirlas, señor Solano, los que no las vivimos...Lo digo por mi mismo ( llegué tarde ) y por sus amigos y compañeros ausentes.

Enhorabuena, estimado colega, por la iniciativa de esta crónica, tan llena de realidad y fantasía a la vez, y por conseguir que esta magnífica pieza literaria, tan entroncada en la vida y con la Historia, salga a la luz. A mi me está haciendo,lo que son las cosas...(y eso que dicen que yo era un tipo tímido y escurridizo, algo neurótico) mucho bien...y, sobre todo, revivir, en el más concreto sentido de la palabra.

Ah...y gracias por comentar que alguno de mis textos escritos los lleva Ud. consigo como verdaderamente se llevan las cosas, interiormente.

Un saludo.

Fernando Pessoa.

Anónimo dijo...

Hola a todos, yo también estuve y declaro que tenéis razón, fue inolvidable, sobre todo por el hecho de lo entrañable del encuentro, del grupo de amigos que nos reunimos para esa peculiar conviencia. Ciertamente el encuentro se desvió un tanto de la idea original debido sobre todo a dos factores de peso, el reducido número de participantes y la interesante planificación final del que en realidad se constituyó, con toda la razón, en anfitrión, nuestro amigo Santiago, que no dejó de agasajarnos un instante.
Al final fuimos sólo cinco los socios que participamos, más cuatro invitados, número escaso pero al mismo tiempo suficiente para que la reunión tomara otros derroteros igual de interesantes pero mucho más íntimos que lo que hubiera sido el proyecto inicial de llevarse a cabo. Pasamos calor, mucho, hasta llegar la noche, salvo en la prolongada estancia en el benefactor museo de la Puebla. Luego vino lo de las cuevas, también muy frescas, el atardecer en las Barrancas, la cena tan amena y la velada final bajo las estrellas, a las que, a decir verdad no hicimos mucho caso, aunque supongo que ellas a nosotros sí, sobre todo cuando la excelsa Nelke, con esa voz espectacular, nos leyó alguno de sus poemas, Mari Carmen, nos obsequíara también con los suyos, deleintándonos al poderlos escuchar directamente de su armónica y dulce voz. La otra Mari Carmen, encantadora, nos recitara una poesía de su propia factura sin necesidad siquiera de leerla, y por supuesto los inagotables verbos de Santiago y Emilio, a modo de fuentes sonoras de agua cristalina, no pararan de regalarnos con su fluida dialéctica.
Yo, pobre de mí, llevaba preparado unos versitos de tres grandes del Siglo de Oro, sobre eso de la noche y el firmamento, pero me vi obligado a leer unos fragmentillos de mi novelilla. Bueno, tampoco estuvo mal, así pudieron aprovechar los demás para cargar las pilas desconectando unos instantes. Ja, ja, ja, es broma. Besos a todos.
Antonio

Anónimo dijo...

Pues, querido Antonio, esas tres joyas, dado que estamos reconstruyendo esa noche y sus posibles alternativas, no se pueden quedar en el tintero...así que te ruego que nos las traslades al blog, que las pongas aquí, como entrada. Será un modo de estar acompañados por tres ilustres genios que nos miran desde las estrellas. Y por tí.
Un abrazo.

Port

Anónimo dijo...

"En ese salón del Gran Hotel se encontraba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se movía al ritmo de un sonido sordo, pesado y monótono. Y, cuando la iba a dar la hora, de las entrañas de bronce del reloj surgía un tañido claro, resonante, profundo, de un timbre tan particular y potente, que cada hora en hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir la pieza que estaban tocando. Al mismo tiempo, las parejas que estaban bailando, cesaban en sus movimientos y, durante un instante, en aquel ambiente alegre reinaba el desconcierto. Y mientras aún resonaban los tañidos del reloj, los más jóvenes y entusiastas palidecían y aquellos de más edad y experiencia colocaban su mano en la frente, como si se entregaran a un confuso ensueño o meditación.

Sin embargo, apenas los ecos del sonido del reloj cesaban, unas livianas risas se difundían por el lugar...y se mezclaban con el general nerviosismo...mientras, en voz baja, unos y otros se prometían que el siguiente tañido del reloj no provocaría les provocaría una emoción semejante.

Mas al cabo de sesenta minutos el reloj daba otra vez la hora, y de nuevo vez renacían el desconcierto, el temblor y el miedo a los desconocido"

Stephen King ( "El resplandor")
Por la transcripción, Port

Anónimo dijo...

Es evidente que el comentario anterior es un acompañamiento del misterioso y magnífico relato de Santiago...para que no se encuentre sólo en esa alternancia de juego festivo...y terror...que, a veces, su fantasia esparce. Esperemos que nadie se asuste y no vuelva a no querer pasar una noche bajo las estrellas. En realidad, Santiago es un valiente. Pero a alguno quizás todo esto le resulte difícil de leer para luego conciliar el sueño. Yo, que no soy muy partidario de las descargas innecesarias de adrenalina (no monto nunca en la montaña rusa )he querido hacer una prueba dialéctica...para que el autor principal de esta entrada tenga un punto de reflexión. Reflexión...de pensamiento...y de reflejo.

Port